de actualidad
foto Kim Jong-un
¡Callarse, becerros!

Bernardo Sartier

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Empezando por "migo"

LO SABÍA. Sabía que la grieta que desplomaría el edificio independentista sería la pela. Fue decirle a "La Charanga del Tío Honorio" (CUP, PDCAT & Company Corporation) que iban a irle al bolsillo y comenzar a recular. Junqueras avisando que no tiene vocación de ser San Proceso y Baiget, por su parte, encantado de que lo hayan largado del gobierno. Baiget es el primer cesante de la historia contento y agradecido. Lo dijo en La Vanguardia: "La inhabilitación pase, pero responder con mi patrimonio no". Talmente como aquel, de apodo" Pai do vento": "Que me chamen pai do vento pase, pero que me pidan o carallo para hinchar una roda...". Baiget dudó públicamente y Puigdemont, que es una especie de mancebo de ultramarinos con flequillo de Beatle hortera, lo puso en la puta calle.

"La Charanga" sufre, en estos momentos, la misma sensación que Hitler en el bunker en abril del 45: todo se hunde. Colesterol Junqueras y Ringo Starr Puigdemont discutiendo si uno es San Proces me recuerdan a Groucho y otro en "Plumas de Caballo". Vean. Interlocutor: "Hay que llamar a la policía"; Groucho: "No lo haga: soy detective privado"; Interlocutor: "Si usted es detective privado, mi tío es un mono"; Groucho: "Oiga, haga usted el favor de no meter a su familia en este asunto".

En fin. Que parecían amigos y solo se conocen de vista; que iban a conseguir la independencia como el Plan Pons la belleza, en siete días y resulta que se le descuelgan corredores como en la etapa reina del Tour; e iban desconectar, también, pero la clavija se mantiene en el enchufe con la fijeza coital de los perros enrabados; incluso proclamarían la independencia, mas todo quedó en una verbena como la de Campelo, que tiene más vida, dónde va a parar, que el folclore mestizado de la Diada.

Al final el problema de Cataluña es su carencia de intelectuales, porque los pocos que hay los compra el oro de la Generalitat


Darían pena si no provocasen hilaridad, una coña que nos deja sin manos para sujetarnos los huevos de la risa. Yo cambio una de los Marx por una de Colesterol Junqueras y Puigdemont, que son como el Gordo y el Flaco, como Currás y Taracido en Portozás, como el dúo Sacapuntas preguntando uno "¿Cómo estaba la plaza?" mientras el otro contesta "¡abarrotá!".

En realidad todo empezó en el 2014 con la espantada de Joaquim Brugué de la Comisión de Consultas. Allí comenzó a oler a mierda y a muerto. El primero era el olor del que teme la inhabilitación o la responsabilidad patrimonial propia (independentista sí, pero no tonto); el segundo de los olores provenía de los morituri políticos, Mas, Oms, Vidal, Brugué, Baiget...

Hay gente que critica mi poco fervor independentista. Olvídense. Nunca he sido anti. Siempre "positifo", yo.

Ocurre que no acepto que a un catalán lo distinga un RH diferente al de un gallego. Para que se entienda: jamás pasaré porque un catalán se lleve del Presupuesto del Estado un céntimo de euro más que un paisano mío.

Cierto que había sectores del nacionalismo nuestro que estaban dispuestos a tragar con esto, hasta que la crítica de la élite política catalana a la inversión del Ave en nuestra Comunidad Autónoma les hizo ver que si seguían por ahí iban no a la insignificancia, sino a la desaparición política. Para ese viaje y con esas alforjas podían haber consultado antes con Lores (felicidades, abuelo) que les habría explicado qué cosa es el nacionalismo pragmático y como garantiza la permanencia en el poder. Reconozcámoslo.

Hubo un tiempo en que el mito del seny sumió en el complejo de inferioridad al resto de España. Pero por fin nos hemos sacudido la mochila gracias, todo hay que decirlo, a la impagable frenopatía del independentismo catalán. Nunca he sentido ningún tipo de inquina por los catalanes, sensatos en su inmensa mayoría por más que las "cumbres" literarias catalanas (Mariona Rebull y la Plaza del Diamante) presagiasen un cataclismo, porque Mariona y la Plaza son más potente somnífero que el Orfidal.

Los que pretenden la equidistancia con los independentistas (Podemos, algunos sectores del PSOE) arguyen que hay que dialogar. No cuela. No cabe el diálogo para convertir España en un Estado económicamente asimétrico en el que algunos, por su cara bonita, se lo lleven crudo en perjuicio de otros.

Todo tuvo su origen en un proyecto de Estatut alentado por Zapatero que no es que fuese inconstitucional, que lo era palmariamente en algunos artículos, sino que tenía faltas de ortografía y de sintaxis. Al final el problema de Cataluña es su carencia de intelectuales, porque los pocos que hay los compra el oro de la Generalitat. Si hubiera intelectuales ya le hubieran sacado los colores a la Charanga por su desafine, pero allí solo ejerce de intelectual el del pan, que les dice verdades como, por ejemplo, que históricamente solo fueron una sucursal del Reino de Aragón.

En 1930 Dalí, catalán de pura cepa, dijo de los intelectuales catalanes en el número de octubre de "Le Subréalisme au Service de la Révolutión" (pongo en cursiva para evitar equívocos) lo siguiente: "son (los intelectuales catalanes) auténticos puercos, llevan los bigotes llenos de mierda y la mayoría de ellos se limpian el culo en vez de enjabonarse el agujero, y los pelos de sus sobacos y cojones rezumaban una infinidad purulenta de pequeños Maitres Millets y Ángel Guimerás". Dalí también decía que "la sardana era un oprobio y una vergüenza y que Cataluña era un país innoble". Discrepo de Dalí. No entiendo de danzas regionales y Cataluña me parece aceptable. Dalí hacía muchas cosas por dinero, ser anticatalán, ser procatalán, luego franquista, después monárquico y por último nacionalista. La pela. O sea que volvemos a la pela, que es por donde empezamos. El catalán, como cualquier bípedo, puede ser lo que queramos siempre que la bolsa suene. Con una particularidad en su favor: no lo disimula. Por eso, si le van al bolsillo por el party independentista, retranquean. Termino.

Saben aquel que diu que van dos a robar. Hacen un butrón y cuando entran el propietario, previamente avisado, le mete una hostia en la boca con un ladrillo al ladrón. Recula éste sin piños y con la cara ensangrentada y el otro pregunta ¿qué pasó?; "nada, pero entra tú que a mí me da la risa", responde el lesionado. Pues como Junqueras y Puigdemont. "Entra tú", dice Junqueras, "que a mí me da la risa". La columna terminaba aquí. Pero oigo a Puigdemont en un informativo decir que "todos asumirán su responsabilidad, empezando por "migo". Se lo juro. Puigdemont. Por "migo". Impresionante.

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